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arco2017

Arco 2017

|10 marzo, 2017 | Blog, SPACES

Todos los años me pasa lo mismo: comienzan a anunciar la proximidad de ARCO, y me siento como si tuviera diez años y fuera a ver la última de entrega de Star Wars. Gran expectación, enorme ilusión y tratar de incluir este esperadísimo evento en mi apretadísima agenda. El patrón de conducta que repito cada año.

Por fin llega el día, y allá que voy. Fui el sábado por la mañana, y, ya en el desayuno, me puse, sin pretenderlo, “en modo arte”. Conversaciones sobre artistas, obras, talentos (nuevos y consagrados), arquitectura, interiorismo…, ¡que subidón!

En la entrada, ya respiras ese aire de increíble inspiración que te acompaña toda la jornada. Muchas, muchísimas obras; gran cantidad y variedad de artistas; y, por supuesto, obras que te atrapan, obras que rechazas y obras que admiras. Pero, en cualquier caso, ARTE en mayúsculas, incluso lo que no me gustó nada. A las consiguientes preguntas: “¿Será que no entiendo?, ¿Me faltarán conocimientos de arte?”, la respuesta que defiendo contra viento y marea, es la frase de Richard Gere a Julia Roberts en “Pretty Woman”:

“La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es espectacular: o les encanta, o les horroriza. Si les encanta, será para siempre, si no, pueden aprender a apreciarla, pero jamás les llegará al corazón”.

No hace falta decir más. En cuestión de arte, no depende de lo mucho o poco que sepas, si no de lo que sientas.

En resumen, me ha gustado ir a ARCO, y con esto quiero decir que me ha hecho sentir bien, que es de lo que se trata. Me he divertido, he disfrutado y me he llenado de sensaciones, lo que siempre es enriquecedor. Como suele pasar con casi todo, hay tantas opiniones sobre ARCO como visitantes, y, aunque respeto y me interesan todas y cada una, ninguna de ellas modificará la mía, que es, ni más ni menos, el compendio de las sensaciones que he experimentado.

Buen rollo, color, inspiración, originalidad y algo de mediocridad, sumado con un aperitivo en el recinto a base de tapas y rodeados de arte. ¿Se puede pedir más? Una experiencia “happiness” de la que disfrutar, a pesar de que no todo lo mostrado impacte, de que algunas obras no me gustaran (¿por qué no decirlo así?) y de los 40 euros que cuesta la entrada (desde aquí me reivindicación).

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